Salta y Corta tiene una energía muy clara: no basta con evitar el peligro, también hace falta abrirse paso a golpes cuando el recorrido se complica. Esa mezcla de salto y ataque es lo que le da más vida que a un runner o un arcade de esquiva normal.
El ritmo manda muchísimo. Si saltas bien pero atacas tarde, te cierras el camino; si te obsesionas con pegar a todo, pierdes la siguiente caída segura. La pantalla puede llenarse bastante rápido, así que la partida termina dependiendo de decisiones cortas pero muy continuas.
Con su tono algo absurdo y su héroe con aire de dibujo, entra muy bien como arcade corto y repetible. Es un juego hecho para reaccionar, corregir y volver a intentarlo enseguida.
Avanza por la fase preparando el siguiente salto antes de que la pantalla se cierre.
Las dos cosas importan, y justo la gracia está en combinarlas bien durante la carrera.
Romper el ritmo con un salto mal leído o un ataque lanzado donde no tocaba.
Sí, pero menos que seguir con vida y mantener una ruta limpia.
Para quien disfruta arcades rápidos, personajes simpáticos y acción inmediata.