En Ladrón del Laberinto no basta con ver dónde está el tesoro. El problema de verdad es decidir qué línea puedes dibujar sin convertir el camino en una trampa para ti mismo. Ese matiz hace que el juego se sienta distinto a un laberinto normal.
Dibujar la ruta cambia mucho la sensación del puzle. No solo estás encontrando una salida, también estás comprometiéndote con una solución propia. Cuando el recorrido es limpio, la pantalla se resuelve de una forma muy satisfactoria; cuando no, el error suele estar en un giro que parecía inofensivo unos segundos antes.
El juego encaja muy bien en sesiones cortas porque cada fase es clara, compacta y fácil de reiniciar. Lo difícil no es entenderla, sino trazarla bien.
Mira el laberinto entero antes de tocar al ladrón y empezar a dibujar.
Tocas al ladrón y dibujas la ruta que debe seguir hasta alcanzar el tesoro.
En que aquí la solución se dibuja, así que el recorrido se siente más como una decisión propia.
Mucho más de lógica y planificación que de rapidez.
Para quien disfruta laberintos, trazados y puzles cortos de ruta.