Bacon May Die no intenta ser ordenado, y ahí está gran parte de su gracia. Todo va a golpes, disparos, enemigos entrando por varios lados y una sensación constante de que si te quedas quieto un segundo te comen la pantalla. Ese caos funciona porque el juego mezcla combate cuerpo a cuerpo y armas sin obligarte a pelear siempre del mismo modo.
Hay partidas donde conviene abrir hueco con disparos, y otras donde toca resolver a puñetazos en distancias cortas. El estilo caricaturesco hace que todo se vea más ligero, pero la supervivencia sigue dependiendo bastante del ritmo, del espacio y de saber cuándo salir del centro del problema antes de quedar rodeado. Ahí es donde deja de ser solo un juego gracioso y empieza a sentirse realmente dinámico.
También encaja muy bien para quien busca acción rápida en el navegador y rondas fáciles de repetir. Si te gustan los brawlers con humor, armas improvisadas y mucha presión de oleadas, Bacon May Die sigue siendo un título que entra solo, así que aquí tiene sentido mantener el nombre original.
Entra al combate y fíjate desde qué lados empiezan a llegar los enemigos.
No. Además del combate cuerpo a cuerpo, también aparecen armas que cambian bastante el ritmo de cada pelea.
Porque las oleadas aprietan rápido y el mayor peligro aparece cuando los enemigos te rodean.
No, el estilo es caricaturesco y absurdo, aunque la acción sigue pidiendo reflejos y control.
Sí, porque el combate arranca enseguida y cada ronda deja ganas de intentar otra más.